Cuando tenemos que determinar si una firma o escritura es auténtica o es falsa, los peritos nos fijamos en un montón de signos.
Estos pululan, escondiéndose y entralazándose, entre las idas y venidas de los hilos de tinta que conforman nuestras letras.
La esencia de esta profesión está, sobre todo, en ser capaz de poner el ojo en esos gestos particulares e idiosincráticos que cada persona hace en su escritura.
Esos gestos exclusivos, personales.
Los que nos hacen únicos.
Como norma general, y aunque hay muchos más, el perito calígrafo parte de estos tres fundamentos básicos:
La escritura es un gesto inconsciente imposible de modificar conscientemente
Nuestra forma de escribir nos retrata, nos define.
La escritura de cada persona es única e irrepetible.
Si tratamos de emular la escritura de otra persona, dejaremos en el intento un rastro patente del esfuerzo consciente por hacer un gesto que no nos pertenece, que no nos identifica.
También, por supuesto, dejaremos sobre el papel trazas de nuestra propia idiosincrasia gráfica. Nuestros propios gestos inconscientes nos delatarán.
Del mismo modo, también es imposible autofalsificarse si notar la lucha y el esfuerzo internos entre el consciente que pretende enmascarar la grafía, y el inconsciente que no se deja poner el antifaz.
Es más fácil imitar la forma que el movimiento
Cuando el falsario imita la firma de otra persona, ya sea con la muestra delante o por imitación libre, se va a fijar más en el grueso y la generalidad de la forma, que en los movimientos.
Y es precisamente el movimiento, esa pulsión interna de nuestro temperamento, lo que más diferencia unas escrituras de otras.
Si el falsario intenta imitar una firma mediante copia de la muestra indubitada, su ejecución se basará en la forma y el resultado será una grafía más grande y más lenta que la original.
Si intenta dárselas de espontáneo y trata de falsificar la firma de memoria, lo que recordará será esa imagen genérica de la dubitada, pero descuidará el detalle y el movimiento genuino y personal.
Las escrituras de nivel gráfico alto son las más difíciles de falsificar
Hay personas que tienen un nivel gráfico extraordinario.
Estos niveles altos se corresponden a personas muy inteligentes, muy creativas, con dotes para la estrategia y con mucha agilidad mental.
Las escrituras de estas personas tan sabias y tan bien dotadas intelectualmente hablando, se caracterizan por tener signos muy particulares, graciosos y originales, sobre todo en las ligaduras entre letras.
Los llamados “ligados altos” son los más difíciles de imitar o falsificar.
Estos son los ligados que se producen en las zonas altas de las letras.
Aparecen principalmente en el enlace del punto de la “i”, la barra de la “t” o las tildes con la letra siguiente.
A veces, suelen tener tanto gracejo y agilidad que resultan un gesto determinante de la autoría.
La importancia de los pequeños detalles
Hay escrituras que presentan signos muy diferenciadores.
Son pequeños gestos-tipo, muy singulares, extremadamente inconscientes y, a veces, tan imperceptibles, que resulta difícil que el falsario sepa reparar en ellos.
¡Y no sólo eso!
También el falsario puede delatar su autoría dejando pistas sobre sus propios gestos-tipo personales, en el momento de falsificar la escritura de otra persona.
En estos y en otros muchos fundamentos nos basamos los peritos calígrafos a la hora de detectar quién es el autor original de un manuscrito o firma.
Desvelar toda esa pila de secretos que nuestra escritura oculta es una labor detectivesca fascinante.
Profundizamos en uno de los actos más inconscientes del ser humano.
El acto de escribir.
El reflejo más patente y honesto de nuestra propia identidad.
Sandra Cerro – Grafóloga y perito calígrafo



