Los peritos calígrafos nos encontramos con todo tipo de falsificaciones, a lo largo de nuestra trayectoria profesional.
Bien es sabido que toda falsificación encubre una intención de engaño o manipulación por parte de quien la realiza.
Pero, la falsificación mediante mano guiada está considerada una de las más desalmadas y flagrantes.
En este tipo de falsificación documental, el falsario utiliza a otra persona que está en circunstancias de vulnerabilidad extrema, con el fin de alterar o falsear un documento manuscrito, en propio beneficio.
Esta utilización o instrumentalización se realiza colocando en su mano un útil escritor y guiando su mano para escribir o firmar.
Supuestos de falsificación mediante mano guiada
Las situaciones más frecuentes en las que se produce este acto son:
- El autor está moribundo.
- El autor padece una patología que le impide la movilidad completa de su cuerpo o parcial que afecte a la mano.
- El autor padece alguna patología de tipo neurológico que afecta al razonamiento o a la memoria (las más frecuentes son el Alzheimer y la demencia)
- El autor se encuentra inconsciente.
- El autor está siendo gravemente coaccionado para dejar la mano inerte.
En cualquiera de estas situaciones, se pueden dar fundamentalmente dos circunstancias:
- Que el autor tenga la mano parcialmente inerte: en este caso, pueden quedarle aún las mínimas fuerzas para oponer resistencia a quien intenta guiarle la mano.
El escrito falsificado en tales circunstancias manifestará gráficamente la lucha entre dos fuerzas opuestas. Por un lado, la fuerza que impone la mano guía y, por otro, la resistencia que opone o intenta oponer la mano guiada.
La firma o el texto falsificado mostrarán, en este caso, gestos o signos idiosincráticos de ambos autores interferidos por bloqueos, interrupciones, giros extraños y otros accidentes gráficos, en el trazo, que pueden ser de lo más variado.
- Que el autor tenga la mano completamente inerte: en este intento de falsificación, la mano guía tiene las de ganar, ya que no encontrará resistencia en el ejercicio de la escritura.
El escrito, en este caso, mostrará mayor evidencia de signos idiosincráticos de la mano guía.
Esta, tal vez trate de emular la escritura o firma del autor guiado.
Y también puede encontrar interferencias en el gesto gráfico debidas a factores exógenos, como la postura o la colocación de su mano sobre la mano inerte del guiado.
La triste evidencia de los casos reales
Resulta triste y muy lamentable la evidencia de este tipo de falsificación.
Y mucho más cuando, la mayor parte de las veces, el falsario es familiar muy directo del enfermo o de la persona que se encuentra en su lecho de muerte.
O que se encuentra incapacitado o en condiciones de extrema vulnerabilidad como para decidir o moverse por su propia voluntad.
Durante los dos años que duró la pandemia del Covid-19, este tipo de falsificaciones estuvieron a la orden del día.
Hijos que no habían atendido a su padre durante años, aparecían con testamentos o contratos para que se firmaran, a toda prisa, antes de que este falleciera.
Esposas, al pie de la cama del moribundo, forzándole a firmar un legado in extremis.
En esas fechas, era fácil que no hubiera testigos de tan flagrante e inhumana manipulación, dada la imposición de confinamiento que vivimos todos por aquel entonces.
El abuso fue monumental.
Realmente estremecedor.
Pero, también, en otros momentos de mi trayectoria profesional, fuera ya de la pandemia, he tenido encargos para desenmascarar a este tipo de falsificadores sin escrúpulos.
Y es que, cuando se cuestiona un escrito bajo sospecha de haberse realizado en estas condiciones, la labor del perito calígrafo es fundamental, pero también muy compleja.
Por otra parte, enfrentarse a este tipo de casos provoca sentimientos encontrados.
Por un lado, atestiguar evidencias de la deshumanización y cosificación de un ser humano resulta extremadamente desagradable
Pero, por otro, provocar que todo el peso de la ley caiga sobre estos desalmados, gracias a nuestro buen hacer como peritos profesionales, no tiene precio y resulta la mar de gratificante.
Sandra Cerro – Grafóloga y perito calígrafo



