Recibir un anónimo nunca es una sorpresa agradable.
Alguien está intentando ocultar su identidad, detrás de un escrito autofalsificado y la intención, en estos casos, no suele ser buena.
Las cartas o notas anónimas tratan generalmente sobre amenazas o coacciones, revelación de algún secreto, insultos o injurias, o expresión de opiniones negativas o dolorosas para el destinatario.
Quien escribe un anónimo esconde intenciones malignas al conjugar el artificio del disfraz gráfico con el engaño o la falsedad.
Pero refugiarse en el anonimato también suele considerarse un signo de cobardía.
Si alguien te ha escrito un anónimo y deseas descubrir la identidad del autor, no te preocupes. Tal vez un perito calígrafo pueda ayudarte.
Características singulares del texto anónimo
Una nota o una carta anónima no llevan firma o se encuentran firmadas bajo un seudónimo o nombre falso.
Las técnicas que puede utilizar el anonimógrafo para realizar su nota pueden ser muy diversas.
Algunos ejemplos son la utilización de estructuras mayúsculas o versales, escribir con la mano no adiestrada o falsear un conjunto de signos gráficos más o menos relevantes.
Si te sirve de consuelo, a ti que has recibido un anónimo, en la mayor parte de los casos, los anónimos suelen ser bastante burdos o torpes.
La tendencia general es intentar disfrazar aspectos generales del conjunto gráfico, como el tamaño, la inclinación o la idea de forma, pero se descuidan los signos más identificativos, que son los pequeños gestos automáticos y más inconscientes.
El perito calígrafo ante los escritos anónimos.
La pericia caligráfica es la técnica que se ocupa de la identificación de autoría de documentos autógrafos.
Uno de los supuestos en los que puede intervenir el perito calígrafo es en la investigación de autógrafos anónimos y el rastreo de quien puede ser el autor.
A la hora de examinar un texto anónimo, el perito tendrá en cuenta una serie de factores relevantes:
- Grafonomía del documento: análisis de gestos gráficos idiosincráticos o con alto valor identificativo de la mano autora.
- Sociolingüística: análisis del contenido del texto, formas de expresión, ortografía, sintaxis y gramática, identificadores culturales o idiomáticos, etc.
- Grafología: estudio de signos que puedan revelar aspectos sobre la personalidad o temperamento del autor.
Algo muy importante a tener en cuenta al examinar anónimos, es la singularidad de su contexto.
Se trata de una autofalsificación.
El autor está tratando de modificar o simular su propia grafía, por lo que no se trata de una determinación de autoría al uso.
Primero hay que desenmascarar, descubrir las tácticas de autoencubrimiento que el autor ha utilizado.
Descubrir los signos idiosincráticos que, de forma inconsciente, haya podido dejarse escapar o no haya podido enmascarar del todo y, seguidamente, tirar del hilo a partir de estos.
¿Quién es el autor de este anónimo?
Como es lógico, el examen de un anónimo siempre debe encuadrarse dentro de un contexto.
Quien recibe un anónimo no lo hace normalmente dentro de un contexto vacío.
Suele tener un motivo para sospechar de alguien o, al menos, para circunscribir al sospechoso en un núcleo de relaciones personales concreto.
Puede ser el entorno laboral, la familia, la comunidad de vecinos, por poner algunos ejemplos.
En estos casos, lo que se suele hacer es solicitar todos los documentos indubitados que se puedan recabar de ese círculo de sospechosos.
Si no es posible recabar la documentación manuscrita, entonces se procederá a formar cuerpo de escritura.
Para ello, se citarán a todas las personas que la víctima considere posibles autores del texto anónimo y se les hará escribir, al dictado, palabras que contengan los mismos grafemas que el documento cuestionado.
La mayor parte de las veces, este cuerpo de escritura se realiza, habiendo ya una denuncia previa y por orden judicial.
Se trata de un proceso complejo y no exento de dificultades, ya que, muchas veces, es difícil conseguir autógrafos indubitados que nos ayuden a desenmascarar al anonimógrafo.
Pero, por otra parte, también puede resultar un proceso sencillo si tenemos en cuenta que, quien autofalsea su propia escritura, normalmente no cae en la cuenta de que la escritura no se puede falsificar de forma consciente.
Siempre dejará caer algún elemento totalmente inconsciente, genuino suyo, que escribirá sin pensar, de forma automatizada, y que es el que le va a delatar.
Y el perito calígrafo estará ahí, al acecho, para cazarlo.
Sandra Cerro – Grafóloga y perito calígrafo



