Cuando una firma parece falsa y, en realidad, es auténtica

Firma parece falsa

Cuando una firma parece falsa a primera vista, a veces, nos podemos llevar la sorpresa de que resulte auténtica.

¿Alguna vez te ha pasado?

En el ámbito de la pericia caligráfica, es bastante común que una firma auténtica despierte dudas a simple vista.

Muchas veces, nos contactan a los peritos calígrafos sobre esta cuestión.

Es algo que les pasa incluso a los notarios, a los abogados o a los familiares que conocen bien al firmante.

Y es que hay firmas que parecen falsas, que despiertan muchas dudas sobre su autenticidad.

Pero, en realidad, son firmas verdaderas o auténticas que esconden la realidad de su autor.

¿Por qué sucede esto?

La razón es sencilla:

Las firmas no son fotocopias.

Es imposible firmar dos veces de la misma forma.

De hecho, esta es una de las máximas de la Pericia caligráfica:

“Si dos firmas son exactas, una de ellas es falsa”

Debemos entender que la escritura es un acto humano y, como tal, está sujeta a múltiples factores que la hacen variable.

Si firmáramos de la misma forma dos veces o si nuestra escritura tuviera dos letras exactamente iguales, seríamos robots, no personas.

En este artículo, te voy a explicar cuáles son esos factores que influyen para que una firma auténtica pueda parecer falsa.

También te contaré cuáles son los errores más comunes al interpretar una firma y qué papel juega el perito calígrafo en todo esto.

 

Una firma parece falsa: errores más comunes al juzgar una firma “a simple vista”

Muchas veces la sospecha de falsificación se debe a creencias erróneas.

El ser humano suele incurrir con frecuencia en el llamado “sesgo confirmatorio”.

Esto pasa cuando creemos algo como cierto y estamos tan convencidos de ello que no contemplamos otras opciones.

Y, a veces, esas opciones pueden estar ahí y tener una explicación muy simple.

Ejemplo de ello, en el caso de una firma sospechosa de falsedad, puede ser:

  • Pensar que todas las firmas de una persona deben ser idénticas.
  • Creer que las personas sólo tienen un tipo de firma.
  • Confundir irregularidades naturales del gesto gráfico, ya sean endógenas o exógenas, con falsificación.
  • Creer que un cambio en el estilo es sinónimo de engaño o de fraude.

En la práctica pericial, me he encontrado con frecuencia casos donde una firma hecha con prisa parecía falsa.

Y otras donde la enfermedad de la persona alteraba su grafía hasta hacerla prácticamente irreconocible…

¡Pero eran firmas auténticas!

Por eso se necesita que un perito calígrafo profesional y no contaminado por esos sesgos o primeras impresiones erróneas tan comunes, nos ayude a revelar el enigma.

 

¿Por qué una firma auténtica puede parecer falsa?

Nunca podemos fiarnos del “ojo de buen cubero” o de la primera vista.

Existen diferentes motivos por los que una firma verdadera puede parecer “sospechosa”.

Te los cuento:

Nuestra escritura tiene una variabilidad natural

Ninguna persona firma dos veces de manera idéntica.

Aunque hay rasgos constantes que permanecen y que se pueden observar en la vista global de la firma o la rúbrica, estas siempre evidencian pequeñas variaciones.

Como he comentado antes, esto no sucede con los robots o las máquinas.

Las escrituras que nos traslada el teclado o una inteligencia artificial programada para escribir contienen letras sin variaciones.

Son formas frías, sin ritmo y sin esa vibración nerviosa y emocional que solo es capaz de emitir la grafía humana.

Son letras, tipografías mecánicas.

Grafías sin vida.

Por el contrario, la escritura humana sí tiene y transmite vida, movimiento, emocionalidad.

Se trata de una escritura generalmente vibrante y con las letras, palabras, espacios y rúbricas más o menos variables en formas, movimiento, inclinación, tamaño, etc.

Son letras y gestos que palpitan, que trasladan las pulsiones internas del autor sobre el papel.

Esto explica también la realidad de la Grafología, que es la disciplina que estudia la personalidad singular de cada uno, a través de la escritura.

Algunas condiciones físicas o psicológicas del autor pueden alterar su firma

El cansancio, los nervios, las prisas o el hecho de llevar encima unas copillas de más son algunos ejemplos de factores que pueden modificar nuestra escritura.

En nuestro gesto gráfico, intervienen elementos estructurales y otros coyunturales.

Los primeros son los que comentaba en el punto anterior.

Esas ligeras variaciones de nuestras letras que se producen porque somos humanos.

Los elementos coyunturales hacen variar la escritura de una forma bastante más evidente.

Pueden deberse a situaciones emocionales, anímicas, coyunturas concretas, que afectan a nuestra forma de escribir en ese contexto y momento concretos.

Por ejemplo, no escribimos igual cuando estamos tristes o cansados que cuando estamos contentos y motivados.

Las enfermedades neurológicas o motoras que afectan a la motricidad fina también influyen en la ejecución y, por ende, en el resultado del trazo.

Un ejemplo muy evidente de esto, y además bastante usual en pericias caligráficas, son los escritos de enfermos de Alzheimer o demencia senil.

Otro ejemplo palpable de esta coyuntura es la enfermedad del Parkinson y los estragos que produce en la escritura, de forma secuencial y evolutiva, a medida que avanza la enfermedad.

Otros factores endógenos pueden ser las patologías mentales como la psicosis, la depresión o la ansiedad, entre otras.

En definitiva, existen un sinfín de factores patológicos o contextuales, que pueden influir en el gesto gráfico y que pueden distorsionar la impresión a la hora de valorar una firma auténtica.

Factores exógenos al autor pueden modificar su firma

Entre los factores exógenos que pueden distorsionar la escritura o la firma y generar sospechas sobre su falta de autenticidad pueden estar:

  • El tipo de útil:

Por ejemplo, si alguien está acostumbrado a escribir con bolígrafo y firma con una pluma, puede variar ligeramente su gesto gráfico.

  • El soporte:

El tipo de papel, su grosor, su rugosidad.

La calidad de la superficie que puede ser más dura o más blanda.

La estabilidad del soporte.

La posición del soporte, ya que no se escribe igual con el soporte en vertical que en horizontal.

  • La postura que adoptamos al firmar puede alterar también la fluidez del gesto gráfico.

Si estás incómodo, en una postura rara, retorcido o de pie, mientras estás firmando, puedes provocar ligeras variaciones en el discurrir de tus trazos sobre el papel.

  • Condiciones del entorno:

La iluminación, el movimiento, la falta de espacio y otras que pueden ser muy variadas, también pueden condicionar nuestra forma de firmar.

Sólo tienes que ver cómo firman autógrafos los famosos.

Futbolistas firmando en camisetas o en balones, a toda prisa y de pie.

Actores firmando en cualquier papelillo, en malas posturas, desde un coche o apoyados en cualquier parte.

Es fácil imaginar que esas firmas, como un churro, no se parecerán mucho a las firmas que sus autores realizan en condiciones idóneas para escribir.

Nuestra firma evoluciona a lo largo del tiempo

A medida que nosotros cambiamos, a lo largo de las vicisitudes de la vida, nuestra firma también evoluciona.

Nuestra escritura y nuestra firma nos van acompañando y retratando a lo largo de nuestra vida.

Trasladan al papel nuestra forma de ser y de sentir, en cada una de nuestras etapas vitales.

De hecho, lo que más cambia a lo largo de la vida, es la firma.

¿Y en qué sentido?

¡Pues es muy curioso! Pero los grafólogos verificamos esto constantemente:

A medida que evolucionamos como personas vamos simplificando nuestra firma.

Un gesto muy común de madurez emocional y personal es eliminar por completo la rúbrica de nuestra firma.

Por esta razón, los peritos calígrafos siempre solicitamos manuscritos o firmas que sean coetáneos, cuando realizamos periciales caligráficas.

Tenemos con esto en cuenta que una persona puede dejar de firmar de la misma forma que lo hacía cuando diseñó su firma por vez primera.

Además de esto, con la edad también aparecen elementos que transforman nuestra letra y nuestra firma.

Una persona mayor, por ejemplo, puede firmar de forma más temblorosa que en su juventud.

Los temblores y las torsiones son algunos de los elementos más comunes en la avanzada edad.

Y, curiosamente, son muy fáciles de confundir con la distorsión gráfica que produce la torpeza de un falsario.

 

El papel del perito calígrafo para valorar la autenticidad de una firma

Un perito calígrafo forense no se limita a observar la forma externa de una firma, si tiene que valorar su autenticidad.

La pericia caligráfica comprende un proceso de examen detallado y de cotejo muy profundo.

Lo que se comparan son la firma cuestionada con otras firmas auténticas y coetáneas de la misma persona.

Y en ese cotejo se cruzan muchísimos parámetros gráficos, desde los que pueden parecer más generales hasta otros más sutiles o incluso imperceptibles para un profano en la materia.

Algunos ejemplos de los parámetros que examinamos son:

  • Gestos gráficos internos: movimiento, presión, velocidad, continuidad, inclinación, etc.
  • El ritmo gráfico que revela la espontaneidad o artificialidad del trazo.
  • Constantes gráficas del autor: características que permanecen, aunque la firma cambie con los años o las diferentes coyunturas.

La diferencia entre una simple variación y una falsificación radica en estos detalles técnicos, que son invisibles para un ojo no entrenado.

 

A modo de conclusión

Una firma que parece falsa no siempre lo es.

Solo a través de un informe pericial caligráfico realizado por un perito experto es posible determinar con rigor si estamos ante una falsificación o ante una variación natural de la escritura.

La escritura es tan única como la huella dactilar, pero al mismo tiempo está viva y cambia con nosotros.

Nos acompaña retratándonos en cada etapa vital.

Nos hace guiños raros y se altera cuando algo va mal en nosotros.

Delata enfermedades, estados anímicos y emocionales, cambios en nuestra personalidad…

En definitiva, nuestra escritura y firma son entes dinámicos, cambiantes, variables como nosotros.

Por eso, ante la duda, lo recomendable siempre es acudir a un especialista.

Si necesitas verificar la autenticidad de una firma, ya sea en un testamento, contrato o documento legal, lo mejor es contar con la experiencia de un perito calígrafo.

Será quien mejor te pueda ayudar a resolver tus sospechas.

 

Sandra Cerro – Grafóloga y Perito calígrafo

Peritocaligrafosc.com

Sandracerro.com

Algunas preguntas frecuentes (FAQ) sobre firmas que parecen falsas

 

¿Por qué mi firma cambia con el tiempo?


Porque la escritura evoluciona como lo hacen la personalidad y las circunstancias físicas y emocionales del firmante.

 

¿Cómo distinguir una firma falsa de una auténtica?


A simple vista es casi imposible.

Solo un perito calígrafo puede identificar las constantes gráficas que confirman la autoría.

 

¿Puede un juez invalidar una firma auténtica si parece dudosa?


Un juez puede dudar, pero será el informe pericial caligráfico el que aporte la prueba técnica para aclarar la cuestión.

El juez no tiene conocimientos de pericia caligráfica, así que se apoyará en el dictamen de un perito calígrafo experto para poder fundamentar su sentencia.

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